Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Mientras tanto, la elevación progresiva del sol iba aclarando cada vez más la masa de las aguas. El suelo cambiaba poco a poco. La fina arena se transformaba en una verdadera calzada de rocas redondeadas revestida de un tapiz de moluscos y zoófitos. Entre los ejemplares de ambas ramas observé unas placenas de valvas delgadas y desiguales, tipo de ostras peculiar del mar Rojo y del océano indico; las lucinas anaranjadas de valva orbicular, los taladros subulados; algunas de esas púrpuras pérsicas, que proveÃan al Nautilus de una tintura admirable; las múrices con cuernos, de once centÃmetros de largo, que se erguÃan bajo el agua como manos listas para aprisionar; las turbinelas cornÃgeras erizadas de espinas; las lÃngulas; las anatinas, mariscos comestibles que abarrotan los mercados del Indostán; las pelagias panopiras, ligeramente luminosas, y, en fin, las admirables oculinas flabeliformes magnÃficos abanicos que forman una de las arborizaciones más ricas de estos mares.