Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Un instante después, los marineros de la embarcación nos desembarcaban, e hicimos pie en arena firme cubierta por metro y medio de agua. El capitán Nemo nos dirigió una señal con la mano, lo seguimos, y por una suave pendiente nos sumergimos bajo las olas. Allí desaparecieron las ideas que me obsesionaban. Una calma sorprendente invadió mi ser. La facilidad de los movimientos acrecentó mi confianza y lo extraño del espectáculo cautivó mi imaginación. El sol enviaba bajo las aguas una claridad intensa. Resultaban perceptibles los objetos más pequeños. Luego de diez minutos de marcha nos encontramos a una profundidad de cinco metros, y el terreno se presentó casi horizontal.
A nuestro paso se levantaban, de la vegetación acuática, enjambres de curiosos peces del género de los monópteros, cuyos individuos no poseen otra aleta que la de la cola. Reconocí al javanés, verdadera serpiente de ocho decímetros de longitud, que se confundirla fácilmente con el congrio si no fuera por la línea dorada de sus flancos. En el género de los estromateos, de cuerpo comprimido y ovalado, observé unos paros de llamativos colores, que llevan como una hoz la aleta dorsal, peces comestibles que secos y en escabeche constituyen un manjar excelente, conocido con el nombre de karawade; luego vi tranquebaros pertenecientes al género de los apsiforoides con el cuerpo recubierto por una coraza de escamas dispuestas en ocho series longitudinales.