Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Esos aparatos serÃan inútiles, respondió el capitán. No iremos a grandes profundidades y los rayos solares resultarán suficientes para iluminar nuestra marcha. Además no es prudente llevar bajo estas aguas una Interna eléctrica. Su luminosidad podrá atraer algún peligroso habitante de estos parajes. Mientras el capitán Nemo pronunciaba tales palabras, me volvà hacia Consejo y Ned Land, pero mis dos amigos tenÃan puestas ya las cabezas en sus cascos metálicos y no podÃan escuchar ni responder. Una última pregunta me restaba por dirigir al capitán Nemo.
-¿Y nuestras armas, le pregunté, nuestros fusiles?
-¡Fusiles! ¿Para qué? ¿Acaso los montañeses de su paÃs no atacan al oso puñal en mano, y el acero no es más seguro que el plomo? He aquà una hoja sólida. Póngasela en el cinturón y partamos. No hay que perder tiempo.
Miré a mis compañeros; estaban armados como nosotros y, además, Ned Land empuñaba un arpón enorme que habÃa puesto en la canoa antes de salir del Nautilus.
Después, siguiendo el ejemplo del capitán, permità que me colocaran la pesada esfera de cobre y nuestros depósitos de aire entraron inmediatamente en actividad.