Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El tiburón habla rugido, por decirlo asÃ. Borbotones de sangre le manaban de la herida. El mar se tiñó de rojo, y a través del lÃquido opaco ya no pude ver más.
Nada más hasta el instante en que en un claro vi al audaz capitán asido a una de las aletas del animal, luchando cuerpo a cuerpo con el monstruo, acribillando a puñaladas el vientre de su enemigo, sin poder, sin embargo, asestarle el golpe definitivo, es decir, herirlo en pleno corazón. El escualo se debatÃa, agitaba furiosamente la masa de las aguas y los remolinos amenazaban derribarme.
Hubiera querido correr en ayuda del capitán, pero paralizado por el horror no podÃa efectuar un movimiento.