Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Dos observaciones se desprendían inevitablemente: una referente a la audacia sin igual del capitán Nemo; otra sobre su devoción por un ser humano, uno de los representantes de esta raza de la que él huía bajo los mares. Por más que dijera lo contrario, este hombre extraño no había llegado aún a matar enteramente su corazón. Cuando se lo hice observar, me respondió con tono ligeramente conmovido:
-¡Ese hindú, señor profesor, es un habitante del país de los oprimidos, y yo pertenezco a él todavía y, hasta mi último suspiro perteneceré al mismo país!