Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino La fragata bordeó la costa sudeste de América con una rapidez prodigiosa. El 3 de julio nos hallábamos frente a la entrada del estrecho de Magallanes, a la altura del cabo Vírgenes. Pero el comandante Farragut no quiso internarse en aquel sinuoso paso, prefiriendo maniobrar de manera que dobláramos el cabo de Hornos. La tripulación lo aprobó unánimemente, pues, en efecto, ¿era probable dar con el narval en la angostura del estrecho? Muchos marineros sostenían que el monstruo no podría pasar por él, “¡era demasiado voluminoso para hacerlo!”
El 6 de julio, hacia las tres de la tarde, a quince millas más al sur, la Abraham Lincoln dobló el islote solitario, la roca perdida en el extremo del continente americano, a la que unos marinos holandeses dieron el nombre de su ciudad natal, cabo de Hornos. Hicimos rumbo hacia el noroeste y al día siguiente la hélice de la fragata hendía por fin las aguas del Pacífico.
-¡Ojo alerta!. ¡Ojo alerta!, repetían los marineros de la Abraham Lincoln.