Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Y bien, capitán, lo que los antiguos no se habían atrevido a emprender, la unión entre los dos mares que acortara en nueve mil kilómetros la ruta de Cádiz a las Indias, ahora el señor de Lesseps lo realiza y dentro de poco habrá transformado el África en una inmensa isla.
-Sí, señor Aronnax, ¡y tiene usted el derecho de estar orgulloso de su compatriota!
-Desgraciadamente, continuó, no puedo conducirlo a través del canal de Suez; pero usted distinguirá las largas escolleras de Port-Said, pasado mañana, cuando nos encontremos en el Mediterráneo.
-¿En el Mediterráneo?, exclamé.
-Sí, señor profesor. ¿Le sorprende?
-Lo que me asombra es pensar que estaremos en él pasado mañana.
-¿Pero por qué tal sorpresa?
-¡Por la espantosa velocidad que será necesario imprimirle al Nautilus si debe encontrarse pasado mañana en pleno Mediterráneo habiendo dado la vuelta al África y doblado el cabo de Buena Esperanza!
-¿Y quién dice que dará la vuelta al África? ¿Quién le habla de doblar el cabo de Buena Esperanza?