Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino En efecto, el objeto negruzco se hallaba al poco rato sólo a una milla de distancia. ParecÃa un grueso escollo que se alzara en pleno mar. ¿Qué era, no podÃa aún definirlo?
-¡Ah! ¡Marcha! ¡Se sumerge!, exclamó Ned Land. ¡Por mil diablos! ¿Qué animal puede ser ése? No tiene la cola bifurcada como las ballenas o los cachalotes y sus aletas parecen miembros truncados.
-Pero entonces... dije.
-Bien, continuó el canadiense, ¡véanlo ahora sobre el dorso, mostrando sus mamas al aire!
-Es una sirena, exclamó Consejo, una verdadera sirena, si no le parece mal al señor.
El nombre de sirena me orientó y comprendà que el animal pertenecÃa al orden de seres marinos que la fábula ha convertido en sirenas, mitad mujer, mitad pez.
-No, dije a Consejo, no es una sirena, sino un ser curioso, de los que se conservan apenas algunos ejemplares en el mar Rojo. Es un dugongo o vaca marina.