Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Fíjese bien, insistió Ned, allá, a estribor, adelante, casi a la altura del fanal! ¿No ve una masa que parece moverse?
-En efecto, dije, después de atenta observación, veo un gran cuerpo negruzco en la superficie de las aguas.
-¿Otro Nautilus?, preguntó Consejo.
-No, respondió el canadiense, pero o mucho me engaño, o es tan animal marino.
-¿Hay ballenas en el mar Rojo?, insistió Consejo.
-Sí, muchacho, respondí, a veces se las encuentra.
-No es una ballena, continuó Ned, quien no apartaba la vista del objeto señalado. Las ballenas y yo somos viejos conocidos y no podría equivocarme en su aspecto.
-Esperemos, dijo Consejo, el Nautilus se dirige hacia allá y pronto sabremos a qué atenernos.