Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Un túnel submarino!, exclamó, ¡una comunicación entre los dos mares! ¿Quién ha oído hablar de tal cosa?
-Amigo Ned, respondió Consejo. ¿Había usted alguna vez oído hablar del Nautilus ¡No! Y sin embargo, existe. Pues, no se encoja de hombros con tanta ligereza, ni rechace las cosas con el pretexto de no haber oído hablar nunca de ellas.
Al atardecer, a los 21º 30' de latitud norte, navegando el Nautilus por la superficie del mar, se aproximó a la costa árabe. Divisé a Jeddah, importante factoría de Egipto, Siria, Turquía y la India. No tardó en borrarse la ciudad entre las sombras de la noche, y el Nautilus se sumergió otra vez en las aguas ligeramente fosforescentes. Al día siguiente, el 10 de febrero, algunos navíos aparecieron en dirección contraria a la nuestra. El Nautilus continuó su navegación submarina, pero a mediodía, en el momento de fijar la posición, encontrándose el mar desierto, se elevó hasta su línea de flotación. Acompañado de Ned y de Consejo fui a sentarme en la plataforma. La costa este aparecía como una masa desdibujada en la húmeda bruma. Apoyados en la borda del bote hablábamos de diversos temas, cuando Ned Land, tendiendo la mano hacia un punto en el mar, me dijo:
-Ve usted algo allá, señor profesor,
-No, Ned, respondí, porque ya sabe usted que no poseo su vista.