Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Confirmado el hecho, me pregunté si no existirla comunicación entre ambos mares. Si existía, la corriente subterránea debería forzosamente correr del mar Rojo al Mediterráneo, a causa de la diferencia de niveles. Recogí entonces gran número de peces en los alrededores de Suez. Les coloqué en la cola un anillo de cobre y los devolví al mar. Algunos meses más tarde, en las costas de Siria, volví a encontrar algunos ejemplares de mis peces con su anillo indicador. La comunicación entre los dos mares quedaba demostrada. La busqué con mi Nautilus, la descubrí, me aventuré por ella, y dentro de poco, señor profesor, usted también habrá franqueado mi túnel arábigo.
Ese mismo día les comuniqué a Consejo y a Ned Land la parte de la conversación que les interesaba directamente. Cuando les dije que dentro de dos días nos encontraríamos en medio de las aguas del Mediterráneo, Consejo batió palmas, pero el canadiense se encogió, de hombros.
