Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Convengo en ello, respondió el canadiense, pero es necesario afrontar el riesgo. La libertad bien lo vale. Además, la embarcación es sólida, y algunas millas con vien5o fuerte no representan ninguna dificultad. ¿Quién sabe si mañana no podremos encontrarnos a cien leguas mar adentro? Si las circunstancias nos favorecen, en diez u once horas habremos desembarcado en algún lugar de tierra firme, o habremos muerto. ¡Sea, pues, lo que Dios quiera y hasta esta noche!
Dichas estas palabras el canadiense se retiró, dejándome casi anonadado. Había supuesto que llegado el caso, tendría el tiempo necesario para reflexionar, para discutir. Mi terco compañero no me lo permitía. ¿Qué hubiera podido decirle, después de todo? Ned Land tenía sobrada razón. ¿Podría yo retroceder después de haber empeñado mi palabra y asumir la responsabilidad de poner en peligro, por un interés completamente personal, el porvenir de mis compañeros?
¿Acaso mañana, no podría el capitán Nemo arrastrarnos lejos de toda tierra?