Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino En este momento los estremecimientos de la hélice disminuyeron sensiblemente, luego cesaron del todo. ¿Por qué tal cambio en la marcha del Nautilus? ¿La detención favorecía o dificultaba los propósitos de Ned Land? No hubiera podido decirlo. Sólo turbaban el silencio los latidos de mi corazón. De improviso, un ligero choque se dejó sentir. Comprendí que el Nautilus acababa de posarse en el fondo del océano. Mi inquietud se acentuó. La señal del canadiense no me llegaba. Tenía deseos de reunirme con Ned para obligarlo a postergar su tentativa. Comprendía que nuestra navegación no se hacía ya en las condiciones ordinarias... En ese momento la puerta del gran salón se abrió, y el capitán Nemo apareció. Me distinguió y, sin más preámbulo:
-¡Ah!, señor profesor, dijo con tono amable, lo buscaba. ¿Conoce usted la historia de España?
Aunque uno supiera a fondo la historia de su propio país, en las condiciones en que yo me hallaba, con el ánimo turbado y la cabeza perdida, no hubiera sido capaz de decir una palabra.
-Y bien, insistió el capitán Nemo, ¿ha oído usted mi pregunta? ¿Sabe la historia de España?
-Muy poco, contesté.