Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino de las comidas o del sueño, del tiempo malgastado tan tontamente. Con esa mutabilidad propia del espÃritu humano, se pasó de un extremo a otro. Los más ardorosos partidarios de la empresa se convirtieron fatalmente en los más empecinados detractores. La reacción subió desde el fondo del navÃo, de la guardia de los pañoleros hasta la cámara de oficiales, y a no mediar, por cierto, la terquedad tan particular del comandante Farragut, desde ese momento la fragata hubiera puesto en modo definitivo la proa hacia el sur. No obstante, aquella búsqueda inútil no podÃa prolongarse más. La Abraham Lincoln no tenÃa nada que reprocharse, ya que habÃa hecho cuanto le era posible por triunfar. jamás tripulación alguna de un navÃo de la marina norteamericana mostró tanta paciencia y tanto ardor; no cabÃa imputarle el fracaso.