Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El capitán Nemo se interrumpió luego de estas últimas palabras, temeroso probablemente de haber hablado demasiado. Pero yo había adivinado. ¡Cualesquiera fuesen los motivos que lo habían forzado a buscar la independencia bajo los mares, seguía siendo ante todo un hombre! ¡Y comprendí entonces a quién estaban destinados esos millones expedidos por el capitán Nemo cuando el Nautilus navegaba en las aguas de la Creta insurrecta!
El día siguiente por la mañana, 19 de febrero, vi entrar al canadiense en mi habitación. Esperaba su visita. Traía un aspecto muy contrariado.
-¿Y bien señor?, me dijo.
-Y bien, Ned, ayer la suerte se nos ha vuelto otra vez en contra.
-Sí, ha sido necesario que el maldito capitán se detuviera precisamente a la hora en que nos disponíamos a huir de su navío.
-Sí, Ned, tenía un asunto que resolver en casa de su banquero.
