Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Él flota siempre.
-Pues, no comprendo...
-Espere algunos instantes. Nuestro fanal va a encenderse, y, si a usted le agradan las situaciones claras, quedará satisfecho. Puse los pies en la plataforma y esperé. La oscuridad era tan completa que no alcanzaba a ver al capitán Nemo. Sin embargo, mirando hacia el cenit, exactamente sobre mi cabeza, creà advertir una luminosidad indecisa, una especie de medialuz que aparecÃa por una abertura circular.
En este momento el fanal se encendió súbitamente, y su vivo fulgor desvaneció aquella vaga claridad crepuscular. Miré, después de haber cerrado un instante los ojos deslumbrados por los rayos eléctricos. El Nautilus se encontraba estacionado. Flotaba en una ribera dispuesta como un muelle. El mar que lo sostenÃa en ese momento, era un lago encerrado en un circo de murallas que medÃa dos millas de diámetro, por seis millas de perÃmetro. Su nivel -el manómetro lo indicaba-no podÃa ser otro que el nivel exterior, pues una comunicación existÃa necesariamente entre ese lago y el mar, Las altas paredes inclinadas sobre su base, se redondeaban en bóveda y semejaban un inmenso embudo invertido, de una altura de quinientos o seiscientos metros.
En la cima se abrÃa un orificio circular por el que yo habÃa advertido aquella leve fulguración, evidentemente debida a la luz del dÃa.