Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Mas no tardaron en desaparecer esos últimos representantes de la vida animal y por debajo de las tres leguas el Nautilus traspasó los límites de la existencia submarina, como ocurre con un globo que se levanta en el aire más allá de las zonas respirables. Habíamos alcanzado una profundidad de dieciséis mil metros -cuatro leguas-y los costados del Nautilus soportaban una presión de mil seiscientas atmósferas, esto es, de mil seiscientos kilos en cada centímetro cuadrado de su superficie.
-¡Qué situación!, exclamé. ¡Estar recorriendo estas regiones profundas por donde jamás ha andado el hombre! ¡Mire usted, capitán, mire esas rocas magníficas, esas grutas inhabitadas, esos postreros receptáculos del globo donde la vida no es posible! ¡Qué lugares desconocidos! ¿Por qué estaremos reducidos a no conservar de ellos más que el recuerdo?
-¿Le agradaría, me preguntó el capitán Nemo, llevarse algo mejor que el recuerdo?
-¿Qué quiere usted decir con esas palabras?
-Quiero decir que no hay cosa más fácil que el tomar una vista fotográfica de esta región submarina.