Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Miren! ¡Miren!, exclamó el canadiense con voz conmovida. ¡Se acerca! ¡Se nos viene encima! ¡Me está desafiando, porque sabe que nada puedo contra ella! Ned pataleaba y le vibraba la mano como si empuñara un arpón invisible.
- ¿Son tan grandes estos cetáceos como los de los mares boreales?, preguntó.
-Más o menos, Ned.
-Es que yo he visto ballenas grandÃsimas, señor, ballenas que medÃan hasta cien pies de largo. He oÃdo decir, incluso, que la hullamoc y la umgallick de las islas Aleutianas pasaban a veces de ciento cincuenta pies.
-Me parece exagerado, respondÃ. Esos animales no son sino ballenópteros, provistos de aletas dorsales, y, como los cachalotes, son generalmente de menor tamaño que la ballena franca.
-¡Ah!, exclamó el canadiense que no quitaba la mirada del océano, se está acercando, se viene a las aguas del Nautilus!
Ned Land no escuchaba lo que se le decÃa. No lo oÃa siquiera. La ballena se aproximaba. Él sólo tenÃa ojos para verla.
-¡Oh!, exclamó de pronto. ¡No es una ballena sola, son diez, son veinte, es un grupo entero! ¡Y yo no puedo hacer nada! ¡Estoy atado de pies y manos!
-¿Por qué no le pide al capitán Nemo que lo autorice a cazarlas, amigo Ned?, preguntó Consejo.