Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino No terminaba de decirlo, cuando Ned Land se dejaba caer por la escotilla y corrÃa en busca del capitán. Un rato después ambos se presentaban en la plataforma.
El capitán Nemo observó a los cetáceos que retozaban en el agua a una milla del Nautilus.
-Son ballenas australes, dijo. Hay allà tantas como para valerle una fortuna a una flotilla de balleneros.
-¿Y bien, señor, preguntó el canadiense, no podrÃa yo darles caza, aunque sólo fuera para no olvidarme de mi antiguo oficio de arponero?
-¿Para qué cazar únicamente con el propósito de destruir? respondió el capitán Nemo. No tenemos necesidad de aceite de ballena a bordo.
Ned Land silbó entre dientes el Yankee doodIe, se metió las manos en los bolsillos v nos volvió la espalda. Entre tanto, el capitán observaba al grupo de cetáceos, y dirigiéndose a mÃ: