Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Estaba yo en lo cierto al decir que además del hombre, las ballenas tienen muchos otros enemigos naturales. Éstas tendrán que vérselas con un adversario de cuidado dentro de poco. ¿Ve usted, señor Aronnax, aquellos puntos oscuros que se mueven a ocho millas a sotavento,
-Sí, capitán, le respondí.
-Son cachalotes, animales terribles que en ocasiones encontré formando grupos de doscientos a trescientos. A esas bestias crueles y dañinas, sí que hay razón para exterminarlas.
El canadiense se volvió con vivacidad al oír estas palabras.
-Pues bien, capitán, dije yo, todavía es tiempo, en beneficio de las ballenas...
-Es inútil exponerse, señor profesor. El Nautilus se bastará para dispersar a los cachalotes. Está armado con un espolón de acero que vale tanto como el arpón del maestro Land, supongo... El canadiense no disimuló un encogimiento de hombros. ¡Atacar a los cetáceos con espolón! ¿Quién había oído hablar jamás de tal cosa?
-Ya lo verá usted, señor Aronnax, dijo el capitán Nemo. Tendremos, el gusto de mostrarle una cacería que usted aún no conoce.