Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino ¡No haya cuartel para esos feroces cetáceos, que son pura boca y dientes!
¡Pura boca y dientes! No cabía mejor descripción del cachalote macrocéfalo, cuyo tamaño pasa a veces de los veinticinco metros. La enorme cabeza ocupa aproximadamente la tercera parte del cuerpo. Mejor armado que la ballena, cuyo maxilar superior solamente cuenta con unas láminas córneas llamadas barbas de ballena, el cachalote tiene veinticinco dientes grandes, de unos veinte centímetros de alto, cilíndricos con la punta cónica, y que pesan dos libras cada uno.
En la parte superior de la cabeza desmesurada y en grandes cavidades que separan unos cartílagos, se encuentran trescientos o cuatrocientos kilos del valioso aceite llamado "esperma de ballena". Mientras tanto, el monstruoso grupo venía acercándose. Habían visto a las ballenas y se disponían a atacarlas. Cabía descontar de antemano la victoria de los cachalotes, no solamente porque están mejor organizados para el ataque que sus inofensivos adversarios, sino también porque pueden permanecer durante mucho más tiempo bajo el agua sin salir a la superficie para respirar.