Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Ya era tiempo de acudir en defensa de las ballenas. El Nautilus se puso entre dos aguas. Consejo, Ned y yo nos ubicamos frente a los cristales del salón. El capitán Nemo se dirigió a la cabina del timonel con el propósito de manejar a su nave como un instrumento destructivo. Al breve rato, las revoluciones de la hélice se aceleraban nuestra velocidad crecía.
Había ya comenzado el combate entre cachalotes y ballenas cuando intervino el Nautilus. Maniobró de manera tal que cortó el grupo de macrocéfalos. Éstos, al principio, mostráronse poco preocupados por la entrada del nuevo monstruo en plena batalla. Pero no tardaron en tener que cuidarse de sus golpes.
¡Qué lucha aquélla! El propio Ned Land, llevado del entusiasmo, acabó por batir palmas. El Nautilus se había convertido en arpón formidable, en las manos de su capitán. Se arrojaba contra las masas carnosas y las atravesaba de parte a parte, dejando al paso dos mitades bullentes del animal.