Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Los formidables coletazos que le daban en los costados no le hacÃan mella. Los choques que él mismo producÃa, tampoco. Cuando exterminaba a un cachalote se abalanzaba hacia otro, virando en redondo para no errar la presa, avanzando, retrocediendo, dócil al timón, hundiéndose cuando el cetáceo se sumergÃa en las aguas profundas, emergiendo con él cuando volvÃa n la superficie, hiriéndolo de lleno o de soslayo, cortándolo o desgarrándolo, y a todas velocidades y en todas direcciones, traspasándolo con su terrible espolón.
-¡Qué carnicerÃa! ¡Cuántos ruidos en la superficie del mar!