Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El mar se hallaba cubierto de cadáveres mutilados. No hubiera dividido, desgarrado, despedazado con mayor violencia, una explosión a aquellas masas carnosas. Flotábamos por entre cuerpos gigantescos, azulados de lomo y blancuzcos de vientre, llenos de enormes protuberancias. Algunos cachalotes espantados huÃan hacia el horizonte. Las aguas se teñÃan de rojo en un radio de varias millas y el Nautilus navegaba en un mar de sangre.
El capitán Nemo, se acercó a nosotros.
-¿Qué le parece, maestro Land?, dijo.
-Pues, señor, respondió el canadiense cuyo entusiasmo se habÃa calmado, es un espectáculo tremendo, a la verdad. Pero yo no soy carnicero, soy cazador, y esto es pura carnicerÃa.
-Es la matanza de animales nocivos, respondió el capitán; el Nautilus no tiene nada de cuchilla de carnicero.
-Prefiero mi arpón, replicó el canadiense.
-Cada cual usa sus armas, respondió el capitán mirando fijo a Ned Land.