Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Los marineros se precipitaron a la cafia del timón, los ingenieros volvieron a la máquina. Se dio inmediatamente marcha atrás, y la Abraham Lincoln, virando a babor, describió un semicÃrculo.
-¡Rumbo avante! A toda máquina!, gritó el comandante Farragut. Sus órdenes se cumplieron Sin demora y la fragata se alejó con rapidez del foco luminoso.
Digo mal. Quiso alejarse, pero aquella bestia sobrenatural se acercó con velocidad doble a la suya.
Estábamos sin aliento. El asombro, más bien que el temor, nos tenÃa mudos e inmóviles. El animal nos alcanzó como jugando. Dio una vuelta alrededor de la fragata, que navegaba entonces a catorce nudos, y la envolvió con sus reflejos eléctricos como con un polvo luminoso. Luego se alejó dos o tres millas dejando tras sà una estela fosforescente, como arroja al paso torbellinos de vapor la locomotora de un tren expreso.