Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino De pronto, desde la línea de horizonte el monstruo se abalanzó contra la Abraham Lincoln con espantosa rapidez, se detuvo bruscamente a veinte pies de su costado, apagó su luz -no por haberse sumergido, puesto que el resplandor no fue disminuyendo gradualmente, sino de golpe -como si la fuente de su brillante efluvio se hubiese agotado de repente. Al rato volvió a presentarse al otro costado del barco, ya por haber dado la vuelta en torno a él, ya por haberse deslizado por debajo del casco. A cada instante podía producirse un choque, que hubiera resultado fatal para nosotros. En tanto, a mí me sorprendían las maniobras de la fragata. Huía y no atacaba., Era perseguida, cuando debía perseguir, y así se lo dije al comandante Farragut. En el rostro, de ordinario tan impasible, se le notaba un indefinible estupor.
-Señor Aronnax, me respondió, no alcanzo a comprender con qué formidable ser tengo que habérmelas y no quiero que corra riesgos por imprudencia mi fragata en medio de esta oscuridad. Además, ¿cómo atacaríamos a lo que nos es desconocido, cómo nos defenderíamos de él? Esperemos que aclare y entonces los papeles cambiarán.
-¿Ya no le quedan dudas, comandante, acerca de la naturaleza del animal?
-No, señor, se trata evidentemente de un narval gigantesco y, a la vez, un narval eléctrico.