Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Tal vez, añadí, cabría considerarlo como un gimnoto o un pez torpedo.
-En efecto, respondió el comandante, y si posee una potencia fulminante sería, por cierto, el más terrible animal que haya salido jamás de manos del Creador. Por eso, señor, quiero estar prevenido. Toda la tripulación permaneció levantada durante la noche. Nadie pensaba en dormir. Al no poder competir en velocidad, la Abra ham Lincoln moderó la marcha y se mantuvo a poca presión. Por su parte, el narval imitó a la fragata, dejándose mecer por las olas, al parecer decidido a no alejarse del campo de la lucha.
Hacia la medianoche, sin embargo, desapareció, o, mejor dicho, se “apagó” como una luciérnaga. ¿Habría huido? Era de temerse más que de esperar. Pero a la una menos siete minutos de la madrugada oímos un silbido ensordecedor semejante al que produce un chorro de agua arrojado con extremada violencia. El comandante Farragut, Ned Land y yo estábamos en ese momento en la toldilla, lanzando ávidas rniradas a través de las profundas tinieblas.
-Ned Land, preguntó el comandante, habrá oído usted a menudo el resoplido de las ballenas.
-A menudo, señor, aunque jamás de ballenas como ésta, cuya vista me trae la ganancia de dos mil dólares.