Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Es cierto, tiene usted derecho a la prima. Pero, dÃgame, ¿no es ése el ruido que hacen los cetáceos cuando arrojan el agua por los orificios nasales?
-El mismo, señor. Sin embargo, éste es incomparablemente más fuerte. Pero no hay error posible, se trata de un cetáceo. Si usted me lo permite, señor, añadió el arponero, le diré dos palabritas mañana al amanecer.
-Si está de humor para escuchárselas, maestro Land, le dije yo con tono poco convencido.
-¡SI le tengo a cuatro largos de arpón, contestó el canadiense, tendrá que escucharme por fuerza!
-Pero para acercarse a él, repuso el comandante, ¿será preciso que ponga una ballenera a disposición de usted?
-Sin duda, señor.
-¿Significará poner en peligro la vida de mis hombres?