Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -La única dificultad, añadió el capitán Nemo, consiste en quedar varios días sumergidos sin renovar la provisión de aire.
-¿Nada más que eso?, repliqué. Cuenta el Nautilus con amplios depósitos, los llenaremos y nos darán todo el oxígeno de que habremos menester.
-Bien pensado, señor Aronnax, respondió sonriendo el capitán. Pero como no quiero que me reproche un proceder temerario, le manifiesto previamente las objeciones que se presentan.
-¿Tiene otras que hacerme?
-Sólo una. Puede ser que si existe el mar en el polo sur, se halle enteramente helado y, por lo tanto, no podamos subir a la superficie.
-Bien, señor, ¿olvida usted el temible espolón del Nautilus? ¿No podríamos lanzarlo oblicuamente contra los campos de hielo y abrirlos con el choque?
-¡Ea, señor profesor, cuántas ideas se le ocurren hoy!
-Por otra parte, capitán, agregué cada vez más entusiasta, ¿por que no habría un mar en el polo sur como lo hay en el polo norte? Los Polos del frío y los de la tierra no se confunden en el hemisferio austral ni en el boreal, y, mientras no haya prueba en contrario, debe suponerse que existe un continente o un océano libres de hielo en ambos puntos del globo.