Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Yo también lo creo asÃ, señor Aronnax, dijo el capitán Nemo. Le haré observar solamente que después de suponer tantos reparos a mi Proyecto, ahora usted me abruma con argumentos en su favor. Era cierto lo que decÃa el capitán Nemo. ¡Yo habÃa llegado a sobrepujarlo en audacia! ¡Era yo quien le impelÃa hacia el polo! ¡Me adelantaba a él, lo dejaba atrás!... ¡Pero, no, pobre loco! ¡El capitán Nemo conocÃa mejor que tú el pro y el contra del problema, y se divertÃa viéndote arrebatado en aquella ensoñación de lo imposible!
Entre tanto, él no habÃa perdido el tiempo. A una señal suya se presentó el segundo. Ambos conversaron rápidamente en su incomprensible lenguaje, y fuere que el segundo estuviera advertido desde antes, fuere que le pareciera practicable el proyecto, no manifestó la menor sorpresa. Sin embargo, por muy impasible que lo viera, no superó en impasibilidad a Consejo, quien, cuando le anuncié nuestra intención de llegar al polo sur, acogió la nueva con un "como le agrade al señor", no pasó de ahÃ. En cuanto a Ned Land, si alguna vez se encogieron unos hombros en forma despectiva, nunca lo fueron tanto como lo hizo el canadiense en tal ocasión.
-Le diré a usted, señor, comentó, ¡usted y su amigo el capitán Nemo me dan lástima!
-Sin embargo, iremos al polo, maestro Land.
-¡Puede ser, pero no volverán!