Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Y Ned Land entró en su camarote "para no cometer un disparate", según dijo al separarse de mi lado. Mientras tanto, los preparativos de la audaz tentativa habían comenzado, Las poderosas bombas del Nautilus llenaban de aire los depósitos, almacenándolo a alta presión. A eso de las cuatro, me informó el capitán Nemo que se cerrarían las compuertas de la plataforma. Eché una mirada postrera a las montañas de hielo que nos disponíamos a traspasar.
El tiempo estaba sereno, la atmósfera bastante pura, el frío era intenso, unos 12º bajo cero; pero habiéndose calmado el viento, la temperatura no parecía insoportable. Unos diez hombres subieron a la parte exterior del Nautilus y rompieron el hielo con picos para dejar libre la obra viva, operación que realizaron con rapidez, pues la capa de hielo era aún delgada. Nos volvimos todos al interior de la nave. Los depósitos habituales se llenaron con el agua que se desagotó para que flotase y el Nautilus no tardó en sumergirse.