Veinte mil leguas de viaje submarino

Veinte mil leguas de viaje submarino

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Me incorporé en el lecho y estaba escuchando en la oscuridad, cuando me vi arrojado bruscamente hasta el medio de la habitación, Era evidente que el Nautilus escoraba mucho después de haber tocado. Apoyándome en1as paredes, me arrastré por las crujías hasta el salón alumbrado por el cielorraso luminoso. Los muebles estaban caldos. Por fortuna, las vitrinas sólidamente sujetas por el pie hablan resistido. Los cuadros de estribor, a causa del desplazamiento de la vertical, se pegaban al muro tapizado, mientras el borde inferior de los de babor se apartaba un pie de la pared. El Nautilus estaba, pues, recostado a estribor y, además, totalmente inmóvil. En el interior oía rumor de pasos y voces confusas. Pero el capitán Nemo no se presentó. En el momento en que me disponía a salir del salón, entraron Ned Land y Consejo.

-¿Qué ocurre?, les pregunté al instante.

-Yo venia a preguntárselo al señor, respondió Consejo,

-¡Por mil demonios!, exclamó el canadiense. ¡Yo bien me sé lo que pasa! El Nautilus ha tocado y viendo la escora que tiene, no creo que salga a flote como aquella primera vez en el estrecho de Torres.

-¿Pero por lo menos ha subido hasta la superficie?, pregunté.

-No lo sabemos, respondió Consejo.

-Es fácil averiguarlo, añadí yo.


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