Veinte mil leguas de viaje submarino

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¿Qué ocurría con las ballenas durante ese periodo? Sin duda, irían por debajo de la barrera, en busca de mares menos cerrados. En cuanto a las focas y a las morsas, habituadas a vivir en los climas más rigurosos, se quedarían en aquellos helados parajes. Tienen el instinto dichos animales de cavar agujeros en los icefields cuidando de mantenerlos siempre abiertos y por ahí salen a respirar. Cuando las aves, azuzadas por el frío, emigran hacia el norte, son esos mamíferos marinos los únicos dueños del continente polar. 

Entre tanto, se habían llenado los depósitos de agua y el Nautilus descendía lentamente. A una profundidad de mil pies se detuvo. Luego la hélice batió las aguas y la nave avanzó con recto rumbo al norte a la velocidad de quince millas por hora. Hacia el anochecer, ya flotaba por debajo del inmenso caparazón helado de la barrera. Los paneles del salón hablan quedado corridos por prudencia, pues el casco del Nautilus podía chocar con algún bloque sumergido. Por eso, pasé ese día poniendo en limpio mis apuntes. A las tres de la mañana me despertó un violento encontrón. 




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