Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -El primero, prosiguió, es el de morir aplastados. El segundo, el de morir por asfixia. No hablo de la probabilidad de morir de hambre, porque el abastecimiento del Nautilus durará, por cierto, más que nosotros. Hemos de preocuparnos, por lo tanto, de hacer frente a la amenaza de aplastamiento o a la de sofocación.
-No existen temores de asfixia si los depósitos de aire están llenos, observé.
-Asà es, dijo el capitán Nemo pero sólo darán aire para dos dÃas. Como hace treinta y seis horas que estamos bajo la superficie, la atmósfera pesada del Nautilus debió ya renovarse. Dentro de cuarenta y ocho horas se habrán agotado nuestras reservas.
-¡Pues bien, capitán, tenemos que vernos libres antes de cuarenta ocho horas!
-Lo intentaremos, por lo menos, horadando la muralla que nos rodea.
-¿Hacia qué lado?, pregunté.
-Eso nos lo dirán los sondeos. Encallaré al Nautilus en el banco inferior y mis hombres, con las escafandras, tratarán de romper el iceberg por su parte más delgada.
-¿Pueden correrse los paneles del salón,