Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino FALTA EL AIRE
Así pues, en torno al Nautilus, por encima y por debajo había un muro impenetrable de hielo. ¡Éramos prisioneros de la gran barrera!
El canadiense dio un tremendo puñetazo en una mesa. Consejo callaba. Yo lo miraba al capitán. Su expresión mostraba nuevamente la habitual serenidad. Tenía cruzados los brazos. Meditaba. El Nautilus ya no se movía. El capitán tomó entonces la palabra: _Señores, dijo con voz tranquila, en las condiciones en que nos hallamos existen dos peligros mortales.
El inexplicable personaje tenía el aspecto de un profesor de matemáticas que desarrolla una explicación ante sus alumnos.