Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Tal velocidad se mantuvo durante varios dÃas y el 9 de abril por la noche avistábamos la punta más oriental de la América del Sur, que forma el cabo San Roque. Pero a esa altura el Nautilus se apartó nuevamente y fue en busca, a mayores profundidades, de un valle submarino cavado entre aquella punta y Sierra Leona, en la costa africana.
Dicho valle se bifurca junto a las Antillas y termina en el norte con una enorme depresión de nueve mil metros. En aquel lugar el fondo del océano configura hasta las islas Caribes o Pequeñas Antillas un acantilado de seis kilómetros cortado a pico, y, a la altura de las islas del Cabo Verde, otra muralla no menos considerable; entre ambos se encierra todo el continente sumergido de la Atlántida.
El fondo desigual de ese valle tiene algunas montañas que dan un aspecto pintoresco a tales profundidades submarinas. Hablo de ello guiándome, sobre todo, por los mapas manuscritos de la biblioteca del Nautilus, trazados evidentemente por la mano del capitán Nemo de acuerdo con sus observaciones personales.