Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El 16 de abril divisamos a la Martinica y a la Guadalupe a una distancia de treinta millas mås o menos. Llegué a ver un instante sus elevados picos.
El canadiense, que contaba con llevar a cabo sus planes en el golfo, fuere ya arribando a tierra o bien abordando uno de los numerosos barcos de cabotaje entre una y otra isla, se vio muy decepcionado. La fuga podĂa realizarse si Ned lograba echar mano a la canoa sin que lo advirtiera el capitĂĄn; pero una vez en pleno ocĂ©ano no habĂa que pensar en ello.
El canadiense, Consejo y yo tuvimos una conversaciĂłn bastante prolongada a este respecto. Desde seis meses atrĂĄs nos hallĂĄbamos prisioneros a bordo del Nautilus. HabĂamos recorrido diecisiete mil leguas, y, como decĂa Ned Land, no se vislumbraba que aquello terminase. Me hizo, pues, una propuesta, que yo no me esperaba. Era la de plantear en modo categĂłrico al capitĂĄn Nemo la siguiente pregunta: ÂżentendĂa el capitĂĄn tenernos a bordo indefinidamente?
Semejante paso no me convencĂa; a mi parecer, ningĂșn resultado podĂa darnos. Nada habĂa que esperar del comandante del Nautilus; todo dependĂa de nuestro propio esfuerzo. Por otro lado, desde hacĂa algĂșn tiempo, ese hombre se mostraba mĂĄs sombrĂo, mĂĄs reservado, menos sociable. ParecĂa evitar mi contacto.