Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Entonces, si no le parece mal al señor, aquí tenemos al calamar de Bouguer, o cuando menos, a uno de sus hermanos. Lo miré a Consejo. Ned Land se lanzó hacia el cristal.
-¡Qué bestia espantosa!, exclamó...
Observé a mi vez y no pude dominar un movimiento de repugnancia. Ante mi vista se agitaba un monstruo horrible, digno de figurar en las leyendas teratológicas. Era un calamar de dimensiones colosales, de unos ocho metros de largo. Marchaba retrocediendo con extremada velocidad en dirección al Nautilus. Miraba con sus enormes ojos fijos de matiz glauco. Los ocho brazos, o más bien, los ocho pies que salen de la cabeza, lo que les valió a estos animales el nombre de cefalópodos, tenían un desarrollo del doble de la anchura del cuerpo y se retorcían como la cabellera de las Furias.