Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Después de varias tentativas infructuosas, los tripulantes consiguieron pasarle al molusco un lazo por el cuerpo. El nudo se deslizó hasta las aletas caudales y allí se detuvo. Trataron, entonces, de izar el monstruo a bordo, pero siendo tanto su peso, se separó la cola con el tirar de la cuerda y, privado de dicho ornamento, el animal desapareció bajo la superficie del mar.
-Por fin, se nos presenta un hecho concreto, dijo Ned Land.
-Un hecho indiscutible, mi buen Ned. Incluso se ha propuesto que se llame a ese pulpo "calamar de Bouguer".
-¿Qué largo tenía?, preguntó el canadiense.
-¿No mediría unos seis metros aproximadamente?, preguntó
Consejo, que seguía observando desde el cristal las escabrosidades del acantilado.
-Precisamente, le respondí.
-¿No tenía coronada la cabeza con ocho tentáculos que se agitaban como una nidada de serpientes?
-Exacto.
-¿Los ojos, en la parte superior de la cabeza, no eran muy grandes?
-Eso mismo, Consejo.
-¿Y la boca no era un verdadero pico de loro?
-En efecto, Consejo.