Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Cuál, señor?, respondió irónicamente. ¿Hizo algún descubrimiento que se me haya pasado por alto? ¿Le ha revelado el mar nuevos secretos?
Estábamos lejos de la meta. Pero antes que le hubiera respondido me mostró un manuscrito abierto sobre la mesa y me dijo con tono más grave:
-Este, señor Aronnax, es un manuscrito redactado en varios idiomas. Contiene una síntesis de mis estudios en el mar y, si Dios quiere, no perecerá conmigo. Este manuscrito, firmado con mi nombre, con el añadido de la historia de mi vida, será colocado en un aparatito insumergible. El último de nosotros que sobreviva a bordo del Nautilus arrojará al mar el aparato, que irá adónde lo lleven las olas.
¡La firma de ese hombre! ¡Su propia historia escrita de su puño!
¿Se revelaría alguna vez el misterio que lo en volvía? En aquel momento sólo vi en esa información un medio de entrar en materia.
-Capitán, le respondí, apruebo por completo la intención que lo mueve. Es necesario que no se pierda el fruto de sus estudios. Sin embargo, el medio que usted emplea me parece primitivo. ¿Quién sabe adónde llevarán los vientos ese aparato y en qué manos irá a parar?
¿No puede darse con un procedimiento mejor? Usted, o uno de los suyos podría...