Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Me retiré a mi habitación. El capitán y su segundo se habÃan quedado en la plataforma. La hélice entró en acción. El Nautilus, alejándose veloz, se puso fuera del alcance de los proyectiles. Sin embargo, la persecución continuó y el capitán Nemo se limitó a conservar la distancia. A eso de las cuatro de la tarde, no pudiendo dominar la impaciencia y la inquietud que me embargaban, volvà a la escalera central. La compuerta se hallaba corrida y me arriesgué a subir. El capitán se paseaba aún en la plataforma, con paso nervioso.
Miraba al navÃo, a cinco o seis millas a sotavento, mientras el submarino daba vueltas alrededor de él como una fiera y atrayéndolo hacia el este se dejaba perseguir. No obstante, no lo atacaba. Quizás vacilara todavÃa. Quise intervenir por última vez; pero apenas interpelé al capitán Nemo me impuso silencio.
-¡Tengo derecho, represento a la justicia!, me dijo. ¡Soy el oprimido y ése es el opresor! Por su causa, todo cuanto amé, patria, mujer, hijos, padre y madre, todo lo he perdido! ¡Todo lo que odio está ahÃ!
¡No diga usted una palabra!
Dirigà una mirada postrera al barco de guerra que forzaba las máquinas. Luego me reunà con Ned y Consejo.
- ¡Huiremos!, exclamé,
-Bien, dijo Ned. ¿Qué barco es ése?