Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino De repente se produjo una explosión: el aire comprimido hacía volar los puentes como si hubiera estallado la santabárbara. El empuje del agua fue tal que el Nautilus se desvió. Entonces el desdichado barco se hundió más rápidamente. Las cofas cargadas de víctimas aparecieron, luego las vergas que se doblaban con los racimos de hombres, en fin el pico del palo mayor. Después la oscura masa desapareció y con ella su tripulación de cadáveres arrastrados en formidable torbellino... Me volví hacia el capitán Nemo. El terrible justiciero, verdadero arcángel del odio, seguía mirando.
Cuando todo hubo terminado, se dirigió hacia la puerta de su habitación, la abrió y entró. Lo seguí con la mirada. En el panel del fondo, encima de los retratos de héroes, vi el de una mujer, joven aún, con dos niños de corta edad. El capitán Nemo los contempló durante unos minutos, les tendió los brazos y postrado de hinoJos se echó a llorar.