Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Por la noche, habÃamos surcado doscientas leguas del Atlántico. Cayeron las sombras y el mar se sumió en las tinieblas hasta que asomó la luna. Retorné a mi habitación. No pude dormir. Me asaltaban mil pesadillas, reproduciendo aquella horrenda escena de destrucción. Una mañana -no podrÃa decir de qué fecha-me adormecà hacia las primeras horas del dÃa, en un sopor penoso y enfermizo. Cuando desperté, vi que Ned Land se inclinaba a mi cabecera, diciéndome en voz baja:
-¡Vamos a escaparnos!
Me incorporé.
-¿Cuándo huiremos?, pregunté.
-La noche próxima. Al parecer, ha desaparecido toda vigilancia en el Nautilus. Se dirÃa que un manto de estupor ha caldo a bordo.
¿Estará usted listo, señor?
-SÃ. ¿Hacia dónde iremos?