Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino coral, el paso de Suez, la isla de SantorÃn, el buzo cretense, la bahÃa de Vigo, la Atlántida, la barrera de los hielos, el polo sur, la prisión entre los témpanos, el combate con los pulpos, la tempestad en la corriente del Golfo, el Vengador aquella horrible escena del barco hundido con sus tripulantes... Todos esos acontecimientos desfilaron ante mis ojos como esos telones de fondo que se corren en el foro de un escenario. Entonces, el capitán Nemo se acrecentaba desmesuradamente en aquel extraño medio. Acentuábase su tipo de hombre, alcanzando proporciones sobrehumanas. Ya no era uno de mis semejantes, sino el hombre de las aguas, el genio de los mares.
Iban a dar entonces las nueve y media. Yo me apretaba la cabeza con ambas manos para impedir que estallara. Cerraba los ojos. No querÃa pensar. ¡Quedaba media hora de espera aún! ¡Media hora de pesadilla que podÃa enloquecerme! En esos momentos escuché unos vagos acordes de órgano, la armonÃa triste de una canción indefinible, verdaderos lamentos de un alma que trata de cortar sus vÃnculos terrestres.