Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Escuché con todos mis sentidos a la vez, respirando apenas, sumido como el capitán Nemo en uno de esos éxtasis musicales que lo enajenaban llevándolo lejos de los límites de este mundo. Luego, un repentino pensamiento me aterró. El capitán Nemo había salido de su habitación. Estaba en el salón por donde debía yo pasar para escaparme. Allí me encontraría con él por última vez. ¡Ale vería, quizás me dirigiera la palabra! ¡Un ademán suyo podía aniquilarme; una sola palabra suya, encadenarme a bordo! No obstante, iban a dar las diez; habla llegado la hora de salir de mi habitación y de reunirme con mis compañeros.
No había que vacilar, así se irguiese de pronto el capitán Nemo ante mí. Abrí la puerta con precaución y, a pesar de ello, me pareció que al girar sobre los goznes hacía un ruido espantoso. ¡Quizás ese ruido sólo existía en mi imaginación!
Avancé deslizándome por las oscuras crujías del Nautilus, deteniéndome a cada paso para contener los latidos de mi corazón.