Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Aquí termina este viaje bajo la superficie de los mares. Lo que ocurrió durante aquella noche, cómo se libró la canoa del formidable remolino del Maelstrom, cómo salimos Ned Land, Consejo y yo del abismo, no sabría decirlo. Sólo sé que cuando volví en mí estaba acostado en la cabaña de un pescador de las islas Loffoden. Mis dos compañeros, sanos y salvos, se hallaban a mi lado, y me apretaban las manos. Nos dimos un abrazo muy efusivo.
En aquellos momentos no, podíamos pensar en el retorno a Francia. Los medios de comunicación entre la Noruega septentrional y el sur son escasos. Me vi, pues, obligado a esperar el paso de un vapor que cumple con el servicio bimensual del cabo Norte. De modo que es aquí, en medio de estas buenas gentes que nos han recogido, donde reviso el relato de mis aventuras. Es exacto, no omite hecho alguno ni exagera ningún detalle.
Es la narración fiel de la inverosímil expedición bajo, un elemento inaccesible aún para el hombre y cuyo progreso hará que estén libres todas las rutas un día.
