Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino ¡Eh! ¡Por mil diablos!, exclamó Ned Land golpeando con el pie la chapa sonora. ¡Abran de una vez, navegantes poco hospitalarios!
Pero era difícil hacerse oír en medio de las ensordecedoras revoluciones de la hélice. Felizmente, se detuvo el movimiento de inmersión. De pronto, un rumor de herrajes corridos con violencia se oyó
desde el interior de la nave. Una plancha se levantó, apareció un hombre, lanzó un grito singular y desapareció en seguida. Algunos instantes después, ocho vigorosos mocetones, de rostro cubierto, se presentaron calladamente y nos arrastraron dentro de la formidable máquina.