Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Bah!, dijo Consejo con filosofía, ¡todavía podremos aguantar largo rato!
-Amigos, añadí yo, no es visto en otras circunstancias peores. Les pido que me den el gusto de esperar antes de formarse una opinión sobre el comandante y la tripulación de esta nave.
-Yo tengo opinión hecha, respondió Ned Land. Son unos bribones...
-¡Vaya! ¿Y de qué país?
-¡Del país de los bribones!
-Mi buen amigo Ned, ese país no figura aún señalado en el mapamundi y confieso que la nacionalidad de esos dos desconocidos es difícil de determinar. Que no son ingleses, ni franceses, ni alemanes, es cuanto podemos afirmar. No obstante, me atrevería a decir que el comandante y su segundo nacieron en latitudes de zonas templadas. Hay algo de meridional en ellos. ¿Acaso españoles, turcos, árabes, hindúes? El tipo físico no me permite discernirlo. En cuanto al lenguaje que emplean me es enteramente incomprensible.
-Ése es el inconveniente de no saber todos los idiomas, replicó
Consejo, o la desventaja de que no exista una lengua única.