Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Se fijó la partida para el 16 de junio. Mi tío quiso entregar al cazador una señal como garantía del trato, pero éste se negó con una palabra.
—Efter —dijo.
—Después —tradujo el profesor para contribuir a mi educación.
Una vez concluido el trato, Hans se retiró inmediatamente.
—¡Un buen tipo! —exclamó mi tío—, pero no sospecha el maravilloso papel que el destino le reserva.
—Entonces nos acompaña hasta…
—Sí, Axel, hasta el centro de la Tierra.
Todavía quedaban cuarenta y ocho horas; muy a mi pesar hube de emplearlas en nuestros preparativos; toda nuestra inteligencia fue empleada en disponer cada objeto de la forma más adecuada, los instrumentos en un sitio, las armas en otro, las herramientas en este paquete, los víveres en aquél. En total cuatro grupos.
Los instrumentos comprendían:
1.° Un termómetro centígrado de Eigel, graduado hasta ciento cincuenta grados, lo cual me parecía demasiado o insuficiente, según su destino: demasiado, si el calor ambiental debía subir hasta esos grados, en cuyo caso nosotros ya nos habríamos cocido antes; insuficiente, si se trataba de medir la temperatura de manantiales o cualquier otra materia en fusión;