Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra
Mi tÃo parecÃa un centauro de seis pies.
—¡Buen animal! ¡Buen animal! —decÃa—. Axel, ya verás cómo ningún animal gana en inteligencia al caballo islandés. Nieves, tempestades, caminos impracticables, rocas, glaciares, nada le detiene. Es valiente, sobrio, seguro. Jamás da un paso en falso, nunca se espanta. Que se presente algún rÃo o algún fiordo que atravesar —y se presentará sin duda—, y lo verás arrojarse al agua sin vacilaciones, como un anfibio, y ganar la orilla opuesta. Pero no los hostiguemos, dejémoslos actuar, y un dÃa con otro haremos nuestras diez leguas diarias.
—Nosotros, por supuesto —respond×, pero ¿y el guÃa?
—No me preocupa. Esas gentes caminan sin darse cuenta. Éste se mueve tan poco que apenas debe fatigarse. Además, llegado el caso le cederé mi montura. Pronto me darán calambres si no hago algo de ejercicio. Los brazos van bien, pero hay que cuidar las piernas.